domingo, 14 de septiembre de 2025

La metamorfosis de los medios en Colombia: del dial a los algoritmos

Los medios tradicionales están perdiendo fuerza, y no es precisamente por su narrativa ni porque de un día para otro hayan dejado de tener credibilidad. La raíz del problema está en el inconsciente colectivo y en la pereza del ciudadano que sigue consumiendo información bajo la vieja fórmula: “izquierda y derecha”. Esa fórmula que tanto alimentaron los grandes medios ya no conecta como antes, no porque haya perdido validez en su estrategia, sino porque el público cambió sus hábitos.

Internet transformó todo. No solo la manera de consumir noticias, sino también el tipo de público que alguna vez le fue fiel a la radio y a la televisión. Hoy ese mismo ciudadano ya no enciende el dial de la radio, ahora prende YouTube, abre Spotify o se conecta a portales digitales. Lo que antes era monopolio de una cabina, ahora es competencia de cualquier micrófono conectado a un computador.

¿La consecuencia inmediata? La pauta publicitaria comenzó a migrar. Si los oídos están en un pódcast y los ojos en un canal de YouTube, ¿qué sentido tiene seguir invirtiendo millones en medios tradicionales? Y aquí es donde Colombia juega su propio papel: un gobierno acostumbrado a repartir contratos de publicidad a los grandes medios empieza a redireccionar ese dinero hacia influenciadores. Una jugada estratégica: son más dóciles, más “eficientes” en el lenguaje digital y, sobre todo, mantienen a la audiencia en lo que mejor saben hacer: pelear en torno a izquierda y derecha. La ilusión de organicidad se vende mejor cuando el mensaje lo entrega alguien que parece cercano.

Un ejemplo claro es la eliminación de la Básica de RCN Radio, reemplazada por La FM. No se trata de que la gente se cansara de su línea editorial; la realidad es que ese periodismo ahora se consume en internet. El negocio del espectro está perdiendo relevancia y las empresas mediáticas, tarde o temprano, tendrán que rediseñar su discurso y, más aún, su modelo económico.

Lo que estamos viendo es el inicio del fin de la hegemonía mediática tradicional. Ya no bastará con repetir un libreto homogéneo en la radio o la televisión. La batalla real se libra en las plataformas digitales, donde la atención es escasa, el consumo es fragmentado y la influencia ya no depende de un noticiero de las 7 p.m., sino de un video de 10 minutos que se hace viral en cuestión de horas.

En ese escenario, los grandes medios tendrán que decidir: o se reinventan y aceptan que ya no son el centro de la conversación, o se convierten en dinosaurios que algún día solo servirán para los libros de historia.

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