La FIFA, con su decisión de ampliar la cantidad de participantes, pasó de 32 a 48 selecciones para la próxima Copa del Mundo. En el caso de Sudamérica, esto significa que la CONMEBOL pasó de 4,5 cupos (cuatro directos y un repechaje) a 6,5 cupos. Es decir, ahora seis selecciones clasifican de manera directa y una más puede acceder mediante repechaje. En números simples: el 70 % de las selecciones sudamericanas estarán en el Mundial. ¿De verdad sigue siendo la eliminatoria “más difícil del mundo”?
La Colombia de números planos
Colombia terminó en la tercera posición de las eliminatorias con 28 puntos. Una ubicación que, en la foto final, parece sólida. Sin embargo, detrás de ese número se esconden inconsistencias notorias:
Hubo rachas de hasta cuatro y cinco partidos sin ganar, que en otros formatos de clasificación habrían significado un serio riesgo de eliminación.
Ejemplo claro: empate 0-0 frente a Perú en Barranquilla, donde Colombia tuvo 71 % de posesión, 15 remates contra uno, y aun así no pudo marcar. Un síntoma de falta de jerarquía y contundencia.
También hubo derrotas incomprensibles, como la caída 0-1 contra Ecuador jugando en casa, con un rival que incluso terminó con 10 hombres.
Estos episodios muestran que Colombia no tuvo un rendimiento arrollador. Clasificó más por el contexto favorable de la ampliación de cupos que por una superioridad indiscutida en la cancha.
El espejismo de la prensa y la afición
La prensa nacional, homogénea y condescendiente, venderá esta clasificación como un gran logro. Se repetirán los discursos de “una Colombia top”, y no faltará la parafernalia mediática al regreso de un Mundial donde, probablemente, la Selección tenga una actuación moderada: pasar la fase de grupos contra rivales débiles de otras confederaciones y caer en rondas de eliminación ante equipos de mayor peso histórico.
El problema no es clasificar: es cómo se clasifica. Si el camino al Mundial se ha vuelto más plano, ¿qué tanto mérito hay en cumplir con lo que, por matemática, ya parece casi garantizado?
Exigencia que se confunde con humillación
Colombia debería aspirar a más: a competirle de igual a igual a Argentina y Brasil en partidos oficiales, a demostrar jerarquía contra los grandes y no sólo en amistosos. Sin embargo, aquí la exigencia suele confundirse con “humillación”, y la crítica con “falta de apoyo”. El conformismo se disfraza de orgullo.
Conclusión: un Mundial de espejismos
La clasificación de Colombia a 2026 no es una proeza; es consecuencia de una FIFA clientelista, que reparte cupos para contentar a todos y garantizar el negocio. La Selección se beneficia de ello, y con un nivel irregular logra un pase que antes hubiera requerido mucho más esfuerzo.
El reto verdadero no es estar en el Mundial —porque hoy estar parece garantizado— sino demostrar en la cancha que Colombia puede competir con los grandes sin depender de ampliaciones, repechajes o favores estadísticos.
De lo contrario, seguiremos celebrando lo mínimo como si fuera lo máximo, mientras el fútbol colombiano se estanca en la mediocridad.
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